La Túnica Palmaria

domingo, 21 de octubre de 2012

Diferentes formas de ser transgénero


Diferentes formas de ser transgénero

Con un especial de varias entregas, Sentiido se une a las voces que en octubre le recuerdan al mundo que las personas transgénero no están enfermas. Primera parte.

Lorena Duarte, mujer trans, durante una manifestación en Bogotá, 2011.
Lina caminaba por un tramo congestionado de la Carrera Séptima de Bogotá. Avanzaba tomada de gancho de su amiga Isabella. De repente, una voz las sorprendió por la espalda: “Ahora sí se descararon. Basta con haberles dado unos derechos para que crean que pueden andar por la calle como quieran”.
El intento de insulto que esta persona les hizo a estas dos mujeres transgénero o trans, demuestra lo cruzadas que el peatón tenía (o tiene) sus ideas: pensaba que se trataba de dos hombres homosexuales que, “en la fase final de su gaysura” habían empezado a vestirse como mujeres.
Como esta persona, hay millones de colombianos que no tienen idea de qué es ser transgénero. De la sigla LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales), con esfuerzo llegan hasta la “G”.
La “T” es justamente la letra que agrupa a esta población. El manual ¿Dónde está la diferencia? elaborado en 2011 por Colombia Diversa, entre otras instituciones, las define como aquellas personas que desarrollan una identidad de género contraria a la esperada por su sexo biológico. (Ver al final del artículo recuadro con algunas variantes del transgenerismo).
Son a quienes se educa como hombre o mujer según su genitalidad, pero quienes sienten que ese género no es el que les corresponde: se identifican con el sexo opuesto y no tienen, por tanto, un comportamiento acorde con lo que la sociedad espera de ellos. Son hombres con pene que se construyen como mujeres o, mujeres con vagina, que lo hacen como hombres.
Se llaman mujeres trans a quienes nacieron con genitalidad masculina pero se identifican con el género femenino y, hombres trans, a las personas que llegaron al mundo con vagina pero se identifican con el género masculino.
Bienvenidos los grisesLa construcción también puede ser hacia un estado que no sea exclusivamente masculino ni femenino, sino intermedio. Este es el caso de Lilith Natasha Border Line, directora de Transcity (comunidad transgenerista de Medellín). Pues, afirma, “nunca he sido ni completamente masculina ni femenina: soy transgenerista”.
Diana Navarro, mujer trans y quien se define como “negra, marica y puta”, agrega que no se nace ni hombre ni mujer. Por su genitalidad, las personas son clasificadas en uno u otro sexo y a partir de ahí se imponen roles masculinos o femeninos ignorando que la identidad de género no siempre va en concordancia con los genitales.
Desde los siete años Lina Montero, mujer trans de 34 años, sentía que su cuerpo no correspondía con lo que sentía. “Pero la gente me decía: usted es un niño y tiene que portarse como tal. Así que vivía en un conflicto interno porque me sentía bien de una manera pero me obligaban a comportarme de otra”.
Las personas trans quieren que su mente y cuerpo hablen el mismo idioma. Para esto acuden entre otras alternativas a terapia hormonal y a procedimientos quirúrgicos. Las investigaciones médicas señalan que la transición más frecuente es de hombre a mujer; sin embargo, según Elena Martin, psiquiatra y docente de la facultad de medicina de la Universidad Nacional de Colombia, desde hace unos años cada vez se ven más mujeres con identidad masculina y personas más jóvenes, no tan adultas, iniciando el tránsito hacia el otro sexo.
Lina Montero empezó este proceso hace dos años, a los 32, cuando conoció casos de quienes ya lo habían hecho. Antes vivía su identidad de género en la privacidad de su cuarto. “Lo bueno fue que no tomé mi decisión viciada con tanta información que circula por ahí de que tal producto saca tetas o que es aconsejable inyectarse aceite en la cola”.
Algo no cuadraPor lo general, las personas trans empiezan a sentir que algo no les cuadra desde los dos años y medio de edad, en pleno descubrir de la identidad sexual. “El niño insiste, por ejemplo, en orinar sentado o, más adelante, en que algún día se le va a caer el pene, mientras que a las niñas les sucede al revés”, agrega Álvaro Franco, director de la especialización en psiquiatría infantil y del adolescente de la Universidad del Bosque en Bogotá.
Desde muy temprano las personas transgénero sienten inconformidad con la ropa y  los juguetes que, por el hecho de ser niño o niña, la sociedad espera que usen. Para María Elvia Domínguez, psicóloga, máster en estudios de género y docente de la facultad de psicología de la Universidad Nacional, con el tiempo, esa situación empieza a generarles angustia.
En su infancia, Lina Montero no tenía muy claro qué era lo que le pasaba, pero soñaba con que algún día tendría mucho dinero para realizarse las transformaciones corporales que quería. “No sabía que existía un procedimiento quirúrgico llamado reasignación sexual (operación de genitales) pero deseaba ese cambio”.
A estas personas les pasa algo similar que a los niños que descubren que tienen problemas de aprendizaje y no pueden avanzar al ritmo de sus compañeros. “A los transgeneristas les preocupa no poder responder como los demás a las expectativas sociales”, agrega Domínguez.
Los “raros” son ellosLorena Duarte, por su parte, nunca se sintió distinta. “Era como cuando a uno le pegan un letrero en la ropa y los demás lo ven pero uno no”. Actuaba como quería y eran los otros los que veían en ella algo distinto. Pasó mucho tiempo para que ella entendiera a qué se referían sus padres, profesores y compañeros de colegio cada vez que la señalaban.
Las familias son las primeras en notar que los niños tienen “algo distinto”. La reacción más común es obligarlos a tener los comportamientos que se esperan de su género. Sin embargo en la adolescencia, etapa en la que suceden cambios físicos y emocionales importantes y con los que la persona no se siente identificada, el transgenerismo es aún más notorio.
Es el momento en que, muchas veces, la persona empiezan a tomar acciones para lograr que su cuerpo esté acorde con su identidad de género y las demás personas la traten como él o ella se siente. Así, por ejemplo, algunas mujeres optan por vendarse los senos.
En 1950, el médico endocrinólogo alemán Harry Benjamin calificó las inconformidades con el cuerpo biológico como transexualismo. Las describió como un trastorno médico y endocrino que requería terapia hormonal y, en algunos casos, reasignación sexual.

Algunos integrantes del colectivo Entre-tránsitos. Bogotá, 2011.
¿Una enfermedad?Actualmente, el transgenerismo está incluido en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders – DSM). En el DSM IV, el vigente, se conoce como trastorno de la identidad de género.
Bernardo Useche, psicólogo y doctor en salud pública y quien realiza investigaciones en sexualidad y salud sexual, considera que el transgenerismo aún clasifica como patología por la concepción social predominante de hombre – mujer y la dificultad que las personas tienen para aceptar un distanciamiento del sexo biológico. “Yo, sin embargo, estoy convencido de que esas variaciones son normales y, por tanto, deberían desaparecer de los manuales”.
Incluso, en algún momento, se estudió una propuesta que Useche, junto con la Dra. Diana Villegas, formuló para empezar a referirse a esta condición como “incongruencia de género” y eliminar así la connotación patológica, pero la iniciativa no contó con el respaldo suficiente.
En opinión de este especialista, el transgenerismo debe ser tratado como el embarazo y el parto, donde ni lo uno ni lo otro son enfermedades. En ambos casos se requiere una atención médica especializada pero no un diagnóstico patológico: “tampoco debería requerirse en estos casos para justificar la asistencia psicológica, quirúrgica y hormonal necesaria”.
“No lo resisto”Sin embargo, según Álvaro Franco, esta condición será considerada una patología hasta mayo de 2013 cuando salga el DSM V. Quedará solamente la disforia de género o cuando la persona se siente muy mal con su cuerpo y tiene, incluso, intentos de mutilación, pues “se experimenta un altísimo desagrado con su género y esto interfiere con la vida laboral, académica y social”.
Unas de las posibles razones de que este diagnóstico se mantenga es obligar a las compañías médicas a asumir el costo de parte de los tratamientos requeridos como son: acompañamiento psicológico y terapia hormonal. (Espere una ampliación de este tema en la segunda parte de este especial).
La pregunta, entonces, es si el transgenerismo es un tema estudiado y si está presente en diferentes culturas ¿por qué aún a un buen número de personas le cuesta entenderlo y aceptarlo? ¿Por qué hay quienes no saben cómo dirigirse a una persona trans? “La gente nos tiene miedo. Evitan saludarnos y nos miran de reojo”, dice Lina. ¿Por qué aún es un tema que la desencaja tanto?
En parte, porque la diferencia en el tema sexual, además de ser un tabú, produce discriminación. “No debería ser así pero esta es una sociedad que le da muy duro a quienes se salen de la norma de la mayoría”, señala Martin. Para muchos, si alguien nació mujer debe sentirse como tal, ser heterosexual y punto.
La influencia judeocristiana también ha sido determinante. Se considera que las personas trans van en contravía de la reproducción porque “Dios los creó hombre y mujer”. Es una población juzgada por muchos como subversiva por remover lo establecido y cuestionar el orden social y económico, así como el concepto de familia. “Esto seguramente cambiará en unos años pero, en este momento, una persona trans causa terror a quienes quieren mantener la sociedad atada a unas condiciones económicas y sociales de desigualdad”, opina Useche.
A mitad de caminoCuando las personas trans están en proceso de tránsito hacia el otro género, suelen tener un cuerpo con características masculinas y usar prendas femeninas o un cuerpo femenino con ropa considerada masculina, lo que a mucha gente le produce desagrado. “Las ven como a mitad de camino y hay una gran dificultad en admitir lo gris”, dice Martin. Para completar, en cine y televisión acostumbran a vincularlas con ambientes sórdidos o delictivos y con una vida desordenada.
Sin embargo, de la población LGBTI, la transgenerista es la más visible. Muchos gays, lesbiana y bisexuales pueden, si quieren, pasar como heterosexuales pero la condición transgénero se nota, y eso para muchas personas es transgresor.
Adicionalmente, las personas que nacieron con sexo masculino pero se identifican como mujeres, reciben la misma discriminación que, en una sociedad machista, implica pertenecer a este género. Son también descalificados porque teniendo la posibilidad de ser hombres y de vivir en una situación de poder, renuncian a esto.
En la discriminación, explica Useche, también influye un factor de clase social o condición socioeconómica. La población predominante en Colombia es de escasos recursos. Según el psicólogo, “el 60 por ciento está por debajo de la línea de pobreza”. Por tanto, si se toma una muestra poblacional de transgeneristas, la mayoría pertenecerá a los estratos 1 y 2, lo que los hace doblemente vulnerables.
En 1990 (año en que se eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales) la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 17 de mayo como día internacional de la homofobia y la transfobia. “Quienes sienten esta fobia padecen un trastorno mental. El transfóbico sí está enfermo”, agrega Franco.
Asimismo, el 20 de octubre se ha decretado como el día internacional para exigir que el “trastorno de identidad de género” sea retirado de los manuales de enfermedades mentales (día conocido como “de despatologización trans”).

Manifestación frente a la Secretaría Distrital de Salud, para pedir mejoras en el acceso al sistema para las personas trans. Bogotá, 2011.
“¡Defínase!”Otro de los factores que a la mayoría de la gente le cuesta entender de las mujeres trans es el hecho de que algunas se pongan implantes mamarios, opten por una estética femenina y mantengan sus genitales masculinos.
La idea siempre es “normalizar” la situación y, una manera de hacerlo, es considerar que “ya que decidió ser mujer”, tenga vagina o, si ya que optó por ser hombre, pene. Gran parte de la sociedad no acepta que ellas quieran transitar entre los dos géneros. Sin embargo, la realidad es que dentro del transgenerismo también hay una enorme diversidad.
En muchas ocasiones, el objetivo final de las personas trans no es la reasignación sexual. Las transexuales o quienes optan por el cambio genital son una porción más de la población trans. Quedarse con los genitales es un derecho que no puede violentarse.
Diana Navarro asegura que, de suprimir esa parte de su cuerpo, perdería un 75 por ciento de su sensibilidad y que no está dispuesta a renunciar a una vida sexual plena por satisfacer unos cánones sociales que dictan que solamente se es mujer cuando se tiene vagina: “yo soy una mujer con pene y testículos”.
Los genitales, además, son una parte fundamental para ejercer la prostitución pues la sexualidad es una faceta de la vida que ofrece múltiples posibilidades. Además, una cosa es la identidad de género y otra las prácticas sexuales en donde la opciones van hasta donde la creatividad lo permita.
Ahora, hay hombres que se definen supuestamente como bisexuales porque les atraen tanto las mujeres biológicas como las trans. Sin embargo, ellos caen en el prejuicio de seguir considerando a las mujeres trans como “hombres que se visten de mujer”. No, ellas son mujeres.
Además, el tema de la orientación sexual (lesbiana, gay o bisexual) no tiene nada que ver con la identidad de género (femenino, masculino, trans, etc.). Por el hecho de que una persona se construya del género opuesto al sexo con el que nació, no implica que le gusten las personas del sexo opuesto. Por ejemplo, si Tatiana es una mujer trans, pues nació con genitales masculinos y se identifica como mujer, esto no la obliga a sentirse atraída por los hombres. “La orientación sexual nuestra es tan diversa como la del resto de la población”, señala Diana Navarro.
Diversidad en la diversidadUna mujer trans es heterosexual cuando se siente atraída por hombres a quienes les gustan las mujeres. “A un hombre heterosexual le atrae el sexo opuesto con o sin vagina”, agrega Lorena Duarte. Las trans que les atraen las mujeres son lesbianas y a las que les llaman la atención los dos géneros son  bisexuales. De igual forma aplica para los hombres transgénero.
Lina Montero siente que, en el fondo, la gente las censura porque no se ha puesto en sus zapatos: “Piensan en nosotras desde un punto de vista estético: el hombre que quiere lucir como mujer o la mujer que quiere lucir como hombre. Pero esto es un sentimiento mucho más profundo. No se trata de cómo uno quiera verse sino de lo que quiere ser. Si fuera algo tan superficial, no nos expondríamos a burlas, rechazos y a la exclusión de la familia”.
La gran apuesta es cuestionar el modelo rígido y tradicional de que solamente está permitido ser hombre o mujer de nacimiento y reivindicar la condición transgenerista. Entender el género no solamente como masculino o femenino sino como un espacio indefinido por el que las personas puedan transitar libremente sin juicios de por medio ni sentimientos de culpa.

Algunas variantes del transgenerismo:*

  • Transexual: persona que se siente y concibe como pertenecientes al sexo opuesto y que opta por una intervención médica, hormonal o quirúrgica, para adecuar su apariencia física a su realidad psíquica, espiritual y social.
  •  Travesti: quien de manera permanente construye una apariencia corporal y unas maneras comunicativas del género opuesto a su sexo biológico. No se somete a operaciones de cambio de sexo.
  • Transformista (drag king – mujeres) / drag queen – hombres): persona que, ocasionalmente y generalmente para espectáculos, construye una apariencia corporal y unas maneras comunicativas correspondientes al género opuesto. No buscan ser del otro sexo.
* Tomado del manual: ¿Dónde está la diferencia? Bogotá, 2011.

La ciencia de los sexos


La noche temática - La ciencia de los sexos

13 oct 2012

A las siete semanas de la gestación los cromosomas determinan el sexo del feto. La mujer XX y el hombre XY, pero en ocasiones ocurre algo diferente y los cromosomas marcan XXY, son los "intersexuales". Esto queda reflejado físicamente, los niños nacen con los dos sexos. Muchas veces la identidad sexual va más allá de cuestiones puramente físicas. Para algunas personas viene determinada por su forma de pensar. Estudios recientes han descubierto que los hombres transexuales y las mujeres heterosexuales tienen una estructura similar en la región del cerebro relacionada con el sexo, es decir, el hipotálamo. No hay ninguna estadística precisa sobre el número de transexuales en todo el mundo. En los Estados Unidos se estima que el uno por ciento de la población es transexual, cerca de tres millones de personas, pero no poca gente cree que esta cifra se queda corta.
Histórico de emisiones:
29/10/2011
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LA TRANSEXUALIDAD SEGÚN BAUDRILLARD


LA TRANSEXUALIDAD SEGÚN BAUDRILLARD

TODOS SOMOS TRANSEXUALES EN UNA ERA TRANSEXUAL El cuerpo sexuado está entregado actualmente a una especie de destino artificial. Y este destino artificial es la transexualidad. Transexual, no en el sentido anatómico, sino en el sentido más general del travestismo, del “juego de la perfección” sobre la conmutación de los signos del sexo y por oposición al juego anterior de la diferencia sexual, del juego de la indiferencia sexual, indiferenciación de los polos sexuales e indiferencia al sexo como goce. Lo sexual reposa sobre el goce (es el leitmotiv de la liberación) y lo transexual reposa sobre “el artificio”, sea éste el de cambiar de sexo o el juego de los signos indumentarios, gestuales, característicos de los travestidos. En todos los casos, operación quirúrgica o semiquirúrgica, signo u órgano, se trata de prótesis. Y cuando como ahora el destino del cuerpo es volverse prótesis, resulta lógico que el modelo de la sexualidad sea la transexualidad y que ésta se convierta por doquier en el lugar de la seducción.
“Todos somos transexuales. De la misma manera que somos potenciales mutantes biológicos, somos transexuales en potencia. Y ya no se trata de una cuestión biológica. Todos somos simbólicamente transexuales”.
Se podría hablar también del travestismo de la estética, del que Andy Warhol habrá sido, sin duda, la figura emblemática. Andy Warhol fue un mutante solitario, precursor de un mestizaje perfecto y universal del arte, de “una nueva estética” para después convertirse precursora de “todas las estéticas”. Un personaje completamente artificial, también inocente y puro, un andrógino de la nueva generación, una especie de prótesis mística y de máquina artificial que, por su perfección, nos liberó tanto del sexo como de la estética. Cuando Warhol dijo “todas las obras son bellas, sólo tengo que elegir, todas las obras contemporáneas son equivalentes”; o cuando afirmaba que “el arte está en todas partes, así que no existe, todo el mundo es genial, el mundo tal cual es, en su misma banalidad, es genial, nadie puede creerlo”, describía la configuración de la estética moderna, que es de un agnosticismo radical. Todos somos agnósticos, o travestis del arte o del sexo. Ya no tenemos convicción estética ni sexual, sino que las profesamos todas.
El mito de la liberación sexual permanece vivo en la realidad bajo muchas formas, y sin embargo, en en lo imaginario domina el mito transexual, con sus variantes andróginas y hermafroditas. Después de la orgía, lo más kitsch del travestido. Después del deseo, la expansión de todos los simulacros eróticos, embarullados, la transexualidad en toda su gloria. Pornografía postmoderna si cabe, en la que la sexualidad se pierde en el exceso teatral de su ambigüedad.
Las cosas han cambiado mucho desde que sexo y política forman parte del mismo proyecto subversivo: si Cicciolina pudo ser elegida diputada en el Parlamento italiano, es precisamente porque lo transexual y la transpolítica coinciden en la misma indiferencia irónica. Esta performance, inimaginable hace sólo una par de décasdas, habla en favor del hecho de que no sólo la cultura sexual sino toda la cultura política ha pasado al lado del travestismo. Esta estrategia de “exorcismo del cuerpo” por los signos del sexo, de “exorcismo del deseo” por la exageración de su puesta en escena, es mucho más eficaz que la tradicional y obsoleta represión por la prohibición. Pero al contrario de la otra, ya no se acaba de ver a quien beneficia, pues todo el mundo la sufre indiscriminadamente. Este régimen de lo travestido se ha vuelto la base misma de nuestros comportamientos, incluso en nuestra búsqueda de identidad y de diferencia. Ya no tenemos tiempo de buscarnos una identidad en los archivos, en una memoria, ni en un proyecto o un futuro. Necesitamos una memoria instantánea, una conexión inmediata, una especie de “identidad publicitaria” que pueda comprobarse al momento. Así, lo que hoy se busca ya no es tanto la salud, que es un estado de equilibrio orgánico, como una expansión efímera, higiénica y publicitaria del cuerpo, mucho más, una performance que un estado ideal. En términos de moda y de apariencias, lo que se busca ya no es tanto la belleza o la seducción, como el look.
Cada cual busca su look. Como ya no es posible definirse por la propia existencia, sólo queda por hacer un acto de apariencia sin preocuparse por ser, ni siquiera por ser visto. Ya no “existo, estoy aquí”, sino “soy visible, soy imagen – ¡look, look!”. Ni siquiera es narcisismo sino una extroversión sin profundidad, una especie de ingenuidad publicitaria de sí mismo en la que cada cual se convierte en empresario de su propia apariencia.
El look es una especie de imagen mínima, de menor definición, como la imagen de vídeo, de imagen táctil, como diría McLuhan “que ni siquiera provoca la mirada o la admiración, como sigue haciendo la moda, sino un puro efecto especial, sin significación concreta”. El look ya no es la moda, es una forma superada de la moda. Ni siquiera se basa en una lógica de la distinción, ya no es un juego de diferencias, juega a la diferencia sin creer en ella. Es la indiferencia. Ser uno mismo se ha vuelto una hazaña efímera, sin mañana, un amaneramiento desencantado en un mundo sin modales…
Retrospectivamente, este triunfo de lo transexual y de lo travestido arroja una extraña luz sobre la liberación sexual de las generaciones anteriores. Dicha liberación, lejos de ser, de acuerdo con su propio discurso, la irrupción de un valor erótico máximo del cuerpo, con asunción privilegiada de lo femenino y del goce, sólo habrá sido quizá una fase intermedia en el camino de la confusión de los géneros. La revolución sexual quizá sólo habrá sido una etapa en el camino de la transexualidad. En el fondo, es el destino problemático de toda revolución.
La revolución sexual, al liberar todas las virtualidades del deseo, lleva al interrogante fundamental “Soy un hombre o una mujer?” (por lo menos, el psicoanálisis habrá contribuido a este principio de incertidumbre sexual). En cuanto a la revolución política y social, prototipo de todas las demás, habrá conducido al hombre, dándole el uso de su libertad y de su voluntad propia, a preguntarse, según una lógica implacable, dónde está su voluntad propia, qué quiere en el fondo y qué tiene derecho a esperar de sí mismo, probablemente, un problema insoluble. Ahí está el resultado paradójico de cualquier revolución: con ella comienzan la indeterminación, la angustia y la confusión. Una vez pasada esta “orgía de identidades” la liberación habrá dejado a todo el mundo en busca de su identidad genérica y sexual, cada vez con menos respuestas posibles, dada la circulación de los signos y la multiplicidad de los tipos de placeres. Así es como todos nos convertimos en transexuales. De la misma manera que nos hemos convertido en transpolíticos, es decir, seres políticamente indiferentes e indiferenciados, andróginos y hermafroditas, hemos asumido, digerido y rechazado las ideologías más contradictorias llevando únicamente una máscara, y transformándonos en nuestra mente, sin saberlo quizá, en travestis de la política.
Texto extraído del libro “La transparencia del mal” (Ensayo sobre los fenómenos extremos), Jean Baudrillard, Págs. 26/31. 
Editorial Anagrama, Barcelona, España, febrero 1991.

sábado, 25 de agosto de 2012

PROPONEN NUEVOS MODELOS DE MASCULINIDAD PARA ERRADICAR VIOLENCIA CONTRA LA MUJER



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PobreEl mejor 
Violencia de Género
Viernes 24 de Agosto de 2012 17:18
Fuente: Diario Crónica 

La idea de construir nuevas masculinidades para generar vínculos armónicos entre hombres y mujeres y desterrar la violencia de género es el objetivo que se proponen distintas organizaciones sociales comprometidas con esta nueva mirada sobre el rol de los varones.

La iniciativa fue presentada hoy en dos trabajos sobre "masculinidades plurales" y "Modelo para armar. Nuevos desafíos de las masculinidades juveniles", en la Capital Federal. La elaboración y presentación de los trabajos, que se realizó en el Centro de Información de Naciones Unidas, se dio en el marco de la campaña “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres” impulsada por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

La temática de género, que siempre estuvo identificada con la mujer, implica al hombre no sólo porque es quien ejerce la violencia, sino porque, a la vez, es víctima de un modelo patriarcal que lo instala en un lugar depoder, estereotipa su conducta y tiene un rol que lleva a obstaculizar una relación de igualdad entre el hombre y la mujer.

El coordinador residente del sistema ONU en Argentina, Martín Santiago Herrero, aseguró a Télam que "esta presentación se da como parte de los trabajos que venimos realizando con las instituciones nacionales y movimientos de mujeres en la Argentina para tratar de avanzar y mover las fronteras en los temas de igualdad de derechos y equidad de género". Al referirse a la idea de mover fronteras, aclaró que "estamos tratando de pensar la violencia contra las mujeres desde el otro lado, y ver cuál es el rol que tienen los hombres y los efectos de esas conductas que aprendimos, porque la masculinidad es una construcción social, que genera estructuras de subordinación y dominación".

Herrero expresó que la elaboración de este trabajo es una invitación a "tratar ciertas dinámicas de cambio en los propios hombres". "Es decir -precisó- es fundamental tratar de entender qué quiere decir ser hombres en nuestras sociedades, cuáles son esos roles, esas conductas que a través de la educación, de la familia, de nuestro trabajo, fuimos aprendiendo y son limitantes de la igualdad de derechos, y poder empezar a modificarlas".

Por su parte, Lucila Tufro de la organización Trama, que junto con Campaña del Lazo Blanco, elaboraron las dos publicaciones, precisó que "Masculinidades plurales" es un material para pensar los vínculos de género, en el que quisimos dar una vuelta de tuerca y mostrar qué pasa con las relaciones y los roles de género cuando lo vemos desde los varones". Tufro precisó que "no hay este tipo de trabajos aún y además está dirigido a organizaciones sociales y al trabajo territorial que es algo original porque el tema de masculinidades tiene algún desarrollo pero desde el ámbito académico". "Desde nuestra perspectiva -acotó- sería ideal que este material se incorpore a los planes de estudio".

En tanto, Hugo Huberman, de Campaña del Lazo Blanco, organización de hombres comprometidos con el fin de la violencia hacia las mujeres, destacó que "tenemos que desarmar lo que está armado, un modelo donde los chicos entran en contradicciones entre lo que les dicen y lo que son, con las demandas sociales del ser hombres". En este sentido, dijo que "por eso después tenemos una franja en América Latina de 15 a 29 años en el que de cinco muertes de jóvenes, el promedio es que cuatro son masculinas y una femenina". Destacó que "la mujer es la víctima mayor, junto con las niñas y los niños, que tiene este sistema, pero los jóvenes de ambos sexos también son víctimas, primero porque todo está pensado desde el adulto y segundo porque todo está pensado desde el hombre". Huberman señaló que "hay que desterrar la violencia, hay que ampliar la plataforma de derechos, hay que generar mayor acceso a recursos y pensar políticas públicas que incluyan lo masculino como una variable de género" y enfatizó en la necesidad de generar espacios de reflexión en los lugares que frecuentan los hombres y también mixtos.(Télam)
http://santarosa.gov.ar/genero/index.php?option=com_content&view=article&id=968%3Aproponen-nuevos-modelos-de-masculinidad-para-erradicar-violencia-contra-la-mujer&catid=43%3Aviolencia-de-genero&Itemid=71
 

domingo, 5 de agosto de 2012

Acracia y bollotransmariconeo:

ANARQUEER


Acracia y bollotransmariconeo:
   Mucho Anarqueer en la portada y muchas referencias a una 
cosa y otra en la introducción, pero que no se entiende nada, y 
como a sus autores nos gusta empezar cualquier tema desde el 
principio, hagámoslo pues con una introducción teórica. Así 
pues, ¿qué es la anarquía y qué es lo queer?
   La anarquía (de an, en griego antiguo “no”, y “arjé, que quiere 
decir “poder” o “autoridad”) es un sistema teórico, político y 
metodológico que propugna la destrucción de cualquier tipo de 
autoridad, en especial la que ejercen las organizaciones 
burocrático-represivas o Estados contra la inmensa mayoría de 
los seres del planeta. Frente a esta latente opresión que vivimos 
día a día (en el trabajo con el patrón, en clase con el profesor, en 
la manifestación con el policía, en el juzgado con el juez, en el 
banco con el oficinista, en el salón de tu casa con la televisión o 
la publicidad del Internet…) y cuya única legitimidad reside en 
un ejército de policías y militares armados hasta los dientes 
capaces de reprimir a quien haga falta y con la fuerza necesaria, 
y en un bombardeo diario de mentiras desde los medios de 
comunicación, la propuesta anarquista es la de abolir cualquier 
tipo de autoridad y crear sobre las cenizas de la antigua sociedad 
autoritaria  un modelo político basado en la igualdad, libertad 
plena y horizontalidad, una economía comunista gestionada 
colectivamente y una sociedad carente de prejuicios sociales 
frutos de la atrofia estatal. Esto es, a muy grandes rasgos y con 
el posible rebatimiento desde el propio anarquismo (pues es tan 
heterogéneo que ni mínimos pueden achacársele), los objetivos 
del llamado “movimiento libertario”.
   El anarquismo suele situarse cronológicamente en el tiempo 
desde mediados del siglo XIX, ya en el contexto del capitalismo - 7 -
y el perfeccionamiento de los 
medios de control y represión 
que éste concedió al Estado. 
No obstante, antiautoritarios y 
opositores al sistema con un 
programa casi idéntico al 
arriba comentado ya los hubo 
en la Antigua Grecia (Arístipo 
de Cirene, Zenón de Citio…), 
en la Edad Media (los 
milenaristas, los Hermanos 
Apostólicos de Dulcino de 
Novara…), en la Edad 
Moderna (los cuáqueros 
norteamericanos, los  Diggers
ingleses, pensadores como 
Étienne de La Boétie…). El 
actual, el anarquismo 
moderno, encuentra sus inicios en el antiautoritarismo del 
francés Proudhon y el ruso Bakunin, a partir de los cuales se 
diversificaría tanto cualitativa como cuantitativamente desde la 
Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o I 
Internacional, agotada en 1872 tras la ruptura a perpetuidad 
entre marxistas y anarquistas por motivos metodológicos. Los 
lugares de más influencia anarquista serían Rusia, Italia, Francia 
y precisamente la Península Ibérica, en concreto el Reino de 
España. Desde finales del siglo XIX y hasta bien entrados los 
años 60’ del siglo siguiente el anarquismo iba totalmente ligado 
al sindicalismo, para hacer mayor incidencia dentro del 
proletariado urbano, primer damnificado por la industrialización 
liberal. Ello supondría que el único tema que interesaba a la 
mayoría de anarquistas, tanto masculinos como femeninas, eran - 8 -
el obrerismo o movimiento obrero. La AIT volvería a refundarse 
en 1922 ya en clave únicamente ácrata, en el contexto de 
ascensión de los fascismos y la traición del Partido Bolchevique 
contra todo el pueblo ruso, pronunciada por Stalin. El 
movimiento obrero quedaría descabezado, y por tanto también 
el anarquismo, que sufriría una mortal derrota en su bastión, la 
República de España, en 1937, cuando gubernamentales, 
socialdemócratas y estalinistas destruyeran a las fuerzas 
revolucionarias del bando antifascista durante la Guerra Civil 
Española, entre las cuales irremediablemente estaba la mayor 
parte de la anarcosindicalista Confederación Nacional del 
Trabajo (CNT). Tal cuchillada sería completada por Franco, tras 
su victoria en 1939, y extrapolada a Europa durante la Segunda 
Guerra Mundial.
   El anarquismo pasaría a recuperarse muy paulatinamente en el 
Viejo continente, mientras proseguía su reciente expansión en 
ámbito Sudamericano y asiático. En los años 50’ se produce una 
recomposición cuantitativa y estructural, pero las viejas teorías 
perviven aún pese al cambio radical de contexto que ha tenido 
lugar desde 1945. En los años 60’ nuevas generaciones 
anarquistas influenciadas por la Internacional Situacionista y 
hartas del viejo sindicalismo y las coordinadoras anarquistas no 
renovadas protagonizarían, entre otros, el mayo francés de 1968 
y se sumarían a las acciones armadas antifranquistas y a los 
conflictos anticapitalistas en Francia, Italia, Reino Unido y la 
República Federal Alemana, en la llamada “autonomía obrera”, 
repunte obrerista asambleario y horizontal no únicamente 
anarquista, así como a respectivos grupos armados. Finalizada la 
experiencia autónoma y la lucha armada, en los 90’ tendría lugar 
otra reestructuración anarquista a gran escala, la última, en la 
cual florecen siguiendo la estela anterior multitud de colectivos 
descentralizados que abordan todo tipo de temas y desde nuevas - 9 -
perspectivas, a la vez que, una vez caída la Unión Soviética, el 
anarquismo tiene un repunte exponencial frente al desprestigio 
marxista que lo aumenta, además de cualitativamente, 
cuantitativamente. Prosperarán los colectivos tanto en la vieja 
Europa como en Grecia o Chile, donde en los últimos años el 
clima es digno de revuelta social en la cual las fuerzas
anarquistas tienen un papel destacado.
   El modelo  queer no podría ser entendido si no nos 
remontáramos al menos un siglo antes de su aparición, en torno 
a finales del siglo XIX en el II Reich alemán. En 1869 el escritor 
húngaro Karl-Maria Kertbeny creó la palabra “homosexual” en 
un panfleto en el que se oponía a que la anexión inminente con 
Prusia de su región supusiera la entrada de las leyes 
“antisodomíticas” de ésta.
   Antes, la “homosexualidad” había tenido varios nombres más: 
sodomía, invertidismo… Respetada y promovida por griegos y 
romanos (en especial la masculina), la concentración de poder 
de los Reinos Medievales, imbuidos por una institucionalización 
de la doctrina cristiana y un ansia de control sobre su población 
fomenta la penalización de la “sodomía”, que en el siglo XIII ya 
es total en todo el territorio europeo occidental, con vigilancia 
concreta por parte de la “Santa Inquisición” En la Edad 
Moderna la opresión consecuente fue similar, pero durante el 
siglo XVIII, con la llegada del libre mercado capitalista,  la 
transformación política derivada endulza las penas por sodomía, 
como es el caso del Código Penal de la Unión (Estados Unidos) 
o el  Código Napoleónico que Bonaparte extiende por toda 
Europa.
   A lo largo del siglo XIX pensadores individuales de ámbito 
germano como Hössli, Ulrisch y el citado Kertbeny reivindican 
su invertidismo a nivel personal, preparando un caldo de cultivo - 10 -
para el  movimiento homosexual que sobrevino en Alemania 
entre aproximadamente 1897 y 1933 que a poco estuvo de lograr 
su máxima reivindicación: la abolición del Artículo 175 del 
Código Penal, que condenaba so pena de cárcel la 
homosexualidad. Destacan cabezas como Magnus Hirschfeld o 
Adolf Brandt (éste anarquista), y organismos como el Comité 
Científico Humanitario y la Liga por la Reforma Sexual. Tal 
estela traspasó las fronteras alemanas; en ámbito británico serían 
destacables los escritores Oscar Wilde, Roger Casement (éste 
irlandés, fusilado por colaborar con el independentismo) y  
Edward Carpenter; en ámbito español podríamos citar a 
escritores como  Luis Cernuda, Álvaro Retana o Antonio de 
Hoyos; y en ámbito sudamericano al chileno Augusto d’Halmar 
y al uruguayo Alberto Nin Frías.
   El ascenso de los nazis al 
poder en Alemania  supone 
el inicio de la represión 
contra dicho  movimiento 
homosexual, sucediéndose 
los desfiles frente a sus 
sedes a lo largo de 1933, y 
finalizando con una 
persecución directa, cierre 
de locales, detenciones e internamientos en campos de 
concentración desde 1934. El Comité Científico Humanitario se 
traslada a Suiza con visión de seguir operando, pero la muerte 
de Hirschfeld  en 1935da al traste con tal objetivo, disolviéndose 
el movimiento homosexual alemán. Estos hechos y la Segunda 
Guerra Mundial suponen la cesura que separa una generación de 
reivindicación homosexual de la siguiente. Hasta 1968 la 
creación de otro movimiento homosexual será extremadamente 
lenta, destruidas las redes creadas antes de la guerra.  Los - 11 -
intentos de resurrección del Comité Científico Humanitario 
llevados a cabo en 1949 y en 1962 por personajes destacados del 
mismo durante la República de Weimar serán un fracaso.  No 
será así en EEUU, donde la devastación  del conflicto mundial 
no ha llegado. Las redes en gestación antes de la Guerra 
Mundial se articulan en colectivos pequeños pero activos de 
liberación homosexual. En 1950, en plena Caza de brujas, Harry 
Hay, miembro del Partido Comunista, funda en Los Ángeles la 
Sociedad  Mattachine, sucediéndose en la década siguiente su 
expansión territorial por Washington, Nueva York… En dicho 
contexto, entre 1948 y 1953 el biólogo y sexólogo 
estadounidense Richard Kinsey publica varios estudios sobre la 
conducta sexual humana, en los cuales concluye la existencia de 
diversas identidades sexuales, según él siete al menos, sin contar 
la asexualidad. Ello da un gran impulso a la lucha que reinvidica 
derechos y reconocimiento para la comunidad homosexual al 
realizarse un estudio bajo los cánones científicos occidentales 
que establece las conductas no heterosexuales como algo normal 
y propio del ser humano. En la década de los 60’ surgen nuevos 
colectivos de mismos objetivos, colisionando este movimiento 
con el Estado cuando en junio de 1968 tienen lugar tres días de 
violentos disturbios entre  disidentes sexuales y policías tras el 
intento de desalojo del bar Stonewall Inn, en Nueva York.
   Ello sería el pistoletazo de salida de un nuevo movimiento 
homosexual que a lo largo de los 70’  y 80’ consigue la 
despenalización de las prácticas homosexuales en todo el ámbito 
occidental tras un gran trabajo. Lo consigue mediante un pacto 
con los diversos Estados en los que este movimiento aparca su 
conflictividad y diversas de sus reivindicaciones a cambio de 
reconocimiento legal, lográndose pues integrar en el sistema 
capitalista, y desarrollando discurso eurocéntricos sobre ir a 
“evangelizar” la homofobia de otras regiones mundiales.


jueves, 2 de agosto de 2012

Artishock publica un artículo de Paco Barragán sobre Postpornografía


Artishock es un juego de palabras: “art-is-shock” (el arte es shock) que suena parecido a Artichoke (alcachofa en inglés). La revista chilena de arte contemporáneo que tiene este nombre juega con tal metáfora; la alcachofa representa al mundo del arte y la información ofrecida sobre éste tiene distintas capas que se pueden ir deshojando, hasta llegar al corazón. Hoy en Artishock el comisario de exposiciones y escritor madrileño Paco Barragán ha publicado un artículo en relación con el postporno y una de sus originales entrevistas-iPad que me hizo la semana pasada en la puerta delMNCARS a propósito de mi libro PostpornografíaBarragán es redactor jefe asociado de la revista norteamericana ARTPULSE (Miami), además de asesor curatorial delArtist Pension Trust (APT) de Nueva York. Como escritor ha publicado, entre otros, The Art to Come/El arte que viene (2002, Subastas Siglo XXI), The Art Fair Age/La era de las ferias (2008, CHARTA) y es editor de Sostenibilidades (2008, CHARTA).
Paco Barragán en la muestra "La no edad" comisariada por él en 2009
A continuación os dejo un extracto del artículo, para leerlo entero por favor visitad http://www.artishock.cl/2012/07/postpornografia/
"Es evidente que el título tiene gancho. “A bote pronto’, como diría Sara Carbonero, la-novia-de-la-tele-del-santo-de-España Iker Casillas, me sugiere postmodernidad y toda esa liturgia ‘post’ que ha venido después del propio ‘post’ de la modernidad. O sea, y para que nos entendamos: post-postmodernidad. ¡Ahí es nada! No, no lo digo yo, lo ha acuñado un arquitecto británico llamado Tom Turner. Ustedes sabrán qué hacer con él…
Aquí lo importante es que el ‘post’ indica algo nuevo que ha superado, abandonado o, incluso, condenado todo lo ‘anterior’. Boris Groys nos dejó dicho en su interesante (aunque un punto repetitivo) Sobre lo nuevo que la aspiración de lo nuevo siempre va ligada a una “transformación radical de las condiciones existenciales del ser humano”. Un detalle poco significativo de su investigación es la confirmación de que a día de hoy –nada parece sugerir otra cosa- hemos perdido cualquier asomo de esperanza de cara a la consecución de ese fin."

domingo, 22 de julio de 2012


Hacia la insurrección más queer, Mary Nardini Gang


"Siempre hemos sido el otro, el extranjero, el criminal. La historia de los disidentes sexuales en esta civilización ha sido siempre la historia de la perversión sexual, la inferioridad psicopática diagnosticada, del traidor, del “raro”, del imbécil. Hemos sido excluidos de las fronteras, del trabajo, de los lazos familiares.

Hemos sido internados en campos de concentración, forzados a la esclavitud sexual, recluidos en prisiones.
Lo normal, lo heterosexual, la familia americana ha sido siempre construida en oposición a lo queer. El hetero no es queer. El blanco no es “de color”. El sano no tiene VIH. El hombre no es mujer. Los discursos de la heterosexualidad, la raza blanca y el capitalismo interactúan entre sí dentro de un modelo de poder. Modelo del que 
pensamos que es mortal."


Descargar texto en PDF



Hacia la insurrección más queer (Towards the Queerest Insurrection). Texto escrito en Wisconsin (EEUU) en 2009 de orientación queer y anarcoinsurreccionalista, donde se ataca al heteropatriarcado en todas sus dimensiones y se apuesta por la guerra social en clave queer. Traducido del inglés original en Madrid por la Distribuidora Peligrosidad Social en marzo de 2012


Towards the Queerest Insurrection, de The Mary Nardini Gang es un furioso y popular manifiesto queer insurreccionalista que ha sido ampliamente distribuido por múltiples Estados desde su aparición en 2009. Emergiendo de una naciente tendencia queer anti-social, criminal y pandillera que horriblemente asomó la cabeza en los Estados Unidos por entonces, el texto es un provocador y energético ataque contra todo y sin apostar por nada salvo por la ultraviolencia.http://pugetsoundanarchists.org/node/233

Impreso clandestinamente por la Mary Nardini Gang, compuesta por criminales queers de Milwakee, Wisconsin (EEUU).

Descargable en distribuidora peligrosidad social
 http://distribuidorapeligrosidadsocial.files.wordpress.com/2011/11/100-hacia-la-insurreccic3b3n-mc3a1s-queer.pdf

jueves, 19 de julio de 2012

El ve porno, ¡Ella se está viendo con Grey!.


“¿Te molesta que tu pareja vea porno? ¿Tiene sentido consumirlo cuando nuestras relaciones íntimas son satisfactorias? ¿Crees que es normal (dichosa palabrita) que se distraiga o se ponga mirando cómo se lo hacen unos personajes de ficción o amateurs? Esta pregunta va dirigida a hombres y mujeres, aún a sabiendas de que somos nosotras quienes solemos quejarnos por ello. Por más vueltas que le dé, no conozco a ningún caballero a quien le moleste que a su dama le guste ver cine X. ¿Acaso existe? Por favor, si es así, que se manifieste.
Así comienza el post, “El ve porno, ella no lo ve claro”, que escribí hace más de un año y generó y sigue generando muchos comentarios, sobre todo de mujeres que no entienden que sus parejas gusten de estas cosas. Sin embargo, en ese momento aún no se había producido el fenómeno de“Cincuenta sombras de Grey”, una trilogía de la que también he escrito (si te interesa leerlo, pica sobre el título del libro) y que está provocando situaciones que me parecen de lo más interesante.
Las mujeres, en general, han dado una impresionante bienvenida al mummy porn (porno para mamás, calificativo desacertado ya que tiene fans de todas las edades). Tal es su aceptación que muchas ya hablan de ello sin ningún tipo de vergüenza y hasta se las ve absortas en el dichoso libro en sitios públicos ¡y sin cortarse! Un amigo que está empapándose de la trilogía (“para entenderos”, se escuda) me contaba lo curioso que le resultó ver como su compañera de asiento en el bus leía el primer volumen, él hacía lo propio con el segundo, sin que ninguno hiciera referencia a la coincidencia… ¿Si hubiera sido un libro de Auster qué hubiera pasado?
El caso es que, de repente, las mujeres están hablando de sexo de otra forma, de prácticas que hasta ahora se tenían por solo para raros (nota para mi misma: se impone un post sobre el sexo kinky), de desear como los tíos… y he de confesar que lo considero una gozada y que muchos hombres, cómo no, comparten mi opinión. En los círculos masculinos donde se habla de la experiencia Grey, bueno la experiencia de que sus parejas estén leyendo la historia de Ana y Christian, muchos expresan su satisfacción por el fenómeno, porque el voltaje erótico ha subido en sus habitaciones. Casi todos comentan que, independientemente de lo rosa y literariamente malo que pueda ser el texto, lo inexistente del personaje al que saben no poder emular (¡no en todo!) y lo disparatado de la historia, ¡hay un antes y un después y que temen el momento en que pase el efecto Grey! Explican que, desde que se han metido en la piel de Ana, sus mujeres quieren más sexo y toman más la iniciativa y ellos, por supuesto, son más felices. Como ejemplo, unas cuantas exclamaciones: “Llevamos dos semanas como conejos”, “un monumento, eso le daría yo a la autora”, “va a acabar conmigo, pero a dios gracias”… Una delicia, pues.
Sin embargo, y aquí va el pero, también he escuchado unas cuantas voces de hombres preocupados. Hombres que dicen sentirse utilizados. Un comentario que refleja muy bien este sentimiento: “Yo solo soy el pene que tiene a mano, pero ella se acuesta con Grey”.Tremendo, ¿no? Pues sí, porque además en muchas ocasiones es probablemente cierto. No es él quien la provoca, es el personaje hecho a la medida del sueño erótico de una mujer… ¡La cruda realidad de la vida! Pero claro, esto me da que pensar. La queja de esos hombres tiene que ver con sentirse objeto, con no entender su lugar en esta historia, con creer qué ellos no le bastan a ellas… y, digo yo, ¿no es eso lo que sienten las mujeres que no llevan bien lo de que a sus parejas les vaya el porno? Curioso no. Sin pretenderlo, ¿les estaremos dando a probar su misma medicina? No afirmo, no quiero venganza (no soy de esas), sólo pienso en voz alta… y aún no he sacado conclusiones, si es que eso es posible.
En el fondo, hay algo que me suena a lugar común: el miedo. El miedo femenino a no estar a la altura de las lobas porno, que están a todas, y el miedo masculino a no ser tan viril (=poderoso y sexualmente irresistible) como el galán de nuestra novela… En definitiva, el miedo a no ser lo que espera mi pareja de mi, el miedo a no serle suficiente… ¡Miedo!
Lo dejo aquí, porque aunque tengo mucho más bullendo en mi inocente coco, creo que mejor le doy un par de vueltas a la cuestión y mejor leo vuestras opiniones, dispuesta a aprender. (Depende de vosotros) que así sea.
*El titular sufre de un problema técnico. No logro subir los puntos suspensivos